Pensar colectivamente

Podríamos pensar que la globalización de nuestro mundo implica una interdependencia sin solidaridad, construida principalmente sobre los pilares económicos y financieros. Mientras experimentamos el aislamiento por la COVID-19, paradójicamente se fortalecen los vínculos y emerge una solidaridad sin fronteras.

Desde los primeros momentos de la pandemia, se manifestó una solidaridad más allá de las fronteras. En Europa algunos países se organizaron para tener acceso al material médico compartido (más de tres millones de mascarillas donadas a Italia a los países vecinos) y se ofreció la acogida de pacientes para aliviar a los países más afectados, con mayor número de personas enfermas. También la Unión Europea suspendió el Pacto de Estabilidad, para permitir que los Estados miembros puedan derogar las normas presupuestarias frente a la pandemia.

Esta solidaridad también se ha producido en el plano internacional. Por ejemplo, la comunidad científica coordina sus esfuerzos y comparte sus resultados para encontrar una vacuna. Y se están organizando algunas acciones de solidaridad hacia los países más vulnerables, como por ejemplo el “Equipo Europa”, un plan de ayuda financiera para países limítrofes de la Unión, que se extenderá a otros países vulnerables. La ONU también se ha movilizado y ha lanzado un plan humanitario de 2000 millones de dólares para ayudar a los países más necesitados del mundo. 

En este momento sin precedentes, podríamos olvidarnos de esta cooperación internacional. Podríamos enfocar la atención en las consecuencias de la COVID-19 y las incertidumbres que está generando en nuestra región. Pero la realidad nos ha mostrado que esto no es así; que la solidaridad puede ir más allá de los intereses políticos.  

Pensando las relaciones internacionales del futuro

Ahora, nos encontramos en una intersección con dos caminos posibles (y direcciones opuestas) :

  1. construir, crear, mirar hacia adelante, tender la mano…
  2. deconstruir, mirar atrás, criticar, pensar en sí mismo, cerrar el puño…

Es cierto que, ante el miedo, podríamos aferrarnos a las soluciones de repliegue (cerrar las fronteras, prohibir la inmigración…).  Sin embargo, al pensar en la salida de esta crisis sanitaria, queremos poner el acento en la fuerza de la interconexión. Y no (sólo) lo decimos como señal de esperanza o de optimismo. Esta crisis mundial requiere de una respuesta global: no será posible hacer frente a las consecuencias sociales de la pandemia solo con una perspectiva nacional. Así como el virus ha cruzado fácilmente las fronteras, las contramedidas también requieren una coordinación internacional. Así lo muestran numerosos analisis sobre el impacto de la pandemia en América Latina.

En esta crisis mundial se abre un espacio único para volver a pensar, para volver a definir nuestra visión del desarrollo y de la seguridad: reduciendo la compra de armas para financiar sistemas públicos de salud; buscando garantizar una seguridad social básica para toda la población.

Una de las enseñanzas del coronavirus es que somos solidarios y creativos. Podemos cambiar.  ¡Tenemos que intentarlo! 

Jessica Richard

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