La esperanza se construye

Tal vez sea el momento de recordárnoslo y compartirlo, recordar cómo, también en tiempos de coronavirus, crecen la solidaridad y el apoyo mutuo. Porque proyectar este hecho es también colaborar a que se multiplique y no sumirnos en una parálisis depresiva. En esta línea, es destacable la iniciativa orientada a hacer visible lo esencial, lo que de verdad nos mantiene con vida y nos dignifica como humanos, los cuidados sin los que no hubiéramos sobrevivido y que ahora en liza contra una pandemia están pasando a un primer plano. 

En el feminismo hay una larga tradición que trata de recuperar lo invisible, generalmente los pensamientos elaborados por mujeres y los diversos y múltiples trabajos realizado ellas y otros grupos diferentes al arquetipo viril protagonista de la historia, el varón blanco, occidental de clase media. Sabemos, por ejemplo, cómo ha sido y siguen siendo borradas las tareas de la cotidianidad, el cuidado que nos mantiene con vida. Lo escribió Virginia Woolf, referente imprescindible de un feminismo que proyecta una mirada desde la diferencia, que no sólo reclama, que también, sino que ofrece. Escribió: “Porque todas las cenas están cocinadas, todos los platos y tazas lavados; los niños han sido enviados a la escuela y se han abierto camino en el mundo. Nada queda de todo ello. Todo se ha desvanecido. Ni las biografías ni los libros de Historia lo mencionan. Y las novelas, sin proponérselo, mienten” (Woolf, Una habitación propia, Barcelona, 1980, p. 123). 

El reto de hacer visible lo esencial no es fácil. Salta a la vista en el texto de Virginia: son tareas y prácticas que sólo se perciben en su carencia. Pero hemos de intentarlo y lo intentamos, con la palabra y el discurso, con el desafío de dar valor a lo considerado periférico, llevándolo al centro. 

En estos momentos, por ejemplo, una parte del reto consiste en destacar acciones y gestos, pequeños o grandes, que ocupan poco espacio en los medios escritos o televisados pero que ofrecen ayuda a la precariedad. Un ejemplo es el conjunto de iniciativas que han surgido en los barrios, en el mío también ofreciendo una plataforma para dar y recibir ayuda.

Y mientras lo hacemos, sentir que estamos construyendo esperanza como humanidad, sabiendo, porque lo aprendimos de quienes nos antecedieron en dificultades y traumas más agudos, que la esperanza no existe, sino que se construye. Fueron el físico Max Born y su pareja Hedwig Ehrenberg, que más tarde tomó como apellido Born, quienes escribieron en su libro Ciencia y conciencia en la era atómica, y cito de memoria: la esperanza es una fuerza motriz porque sólo cuando esperas que algo suceda trabajas para conseguirlo. Este pensamiento, hoy, nos viene como anillo al dedo. 

Carmen Magallón

Red Académica de WILPF

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