Aplanar la curva del gasto militar

   El impacto súbito de la pandemia del coronavirus ha interrumpido muchas vidas, otras las ha sacudido de modo tal que ya no volverán a ser las mismas. Una gran mayoría han visto trastocados sus quehaceres diarios como nunca hubieran imaginado, las relaciones sociales y sus rituales, la manera misma de ganarnos esa vida y, cómo no, nuestros planes de futuro. 

Mientras todo ello sucedía, mientras parábamos para hacernos cargo de nuestra radical vulnerabilidad e interdependencia como seres humanos, el orden de nuestras prioridades personales y colectivas también se sacudía.

En muy pocos días fue necesario asumir colectivamente el confinamiento en nuestros hogares como la única solución efectiva ante el gran reto de aplanar la curva de contagios por COVID-19. En el Estado español la cifra de fallecimientos por coronavirus alcanzó su máximo el día 2 de abril de 2020 al contabilizarse 950 personas y ha ido “aplanándose” alcanzando menos de 100 personas fallecidas siete semanas después. Un esfuerzo descomunal del personal sanitario -entre otros- y una impecable responsabilidad colectiva para asumir el confinamiento han hecho posible aplanar la curva y así ganar tiempo mientras aprendemos a convivir con este nuevo virus. Lo hemos logrado y lo hemos hecho colectivamente.

Lo aprendido de esta experiencia global es que sienta un valioso precedente sobre lo que “se puede” y “no se puede” lograr colectivamente porque lamentablemente hay otras curvas que aplanar que causan muchas muertes y sufrimientos evitables.

Según publica el Centre Delàs d’Estudis per la Pau, la curva del gasto militar mundial alcanzó en 2019 los 1,92 billones de dólares, una cifra que crece por cuarto año consecutivo y que registra el mayor aumento en la última década. En el caso del Estado español esta misma fuente calcula que son 20.050 millones de € de gasto militar en 2019, el equivalente a 55 millones diarios, y que se han comprometido desde el año 1997 solo en nuevo armamento más 42.000 millones.

Si colectivamente decidiéramos aplanar la curva del gasto militar afloraría la evidencia de que los recortes presupuestarios pueden ser reversibles y reorientables. Es lícito preguntarnos colectivamente qué queremos recortar y en favor de qué. En esta línea, el Centre Delàs ha calculado que con el presupuesto dedicado a los aviones Eurofighter EF-2000 y A-400M se podrían mantener 25 hospitales y 27.720 camas de hospital por un año. Reconsiderar nuestras prioridades colectivas puede salvar vidas.

Y en ese afán de aplanar la curva del gasto militar encontraremos una oportunidad extraordinaria para repensar qué es lo que hace a una sociedad más segura en este nuevo contexto, sin olvidar que todo está sucediendo mientras otras crisis sistémicas como la desigualdad y la emergencia climática están mostrándonos también su letalidad. Una oportunidad para apropiarnos colectivamente del concepto de seguridad humana, incluyendo aportes desde los fundamentos feministas y ecologistas, tal y como lo hacen organizaciones como WILPF, Ecologistas en Acción y el Foro de Transiciones, entre otras ya muy numerosas.

En suma, nos urge poner en orden nuestras prioridades para lograr colectivamente aplanar otras curvas letales, ahora que sabemos que es posible.

Laura Alonso Cano,

WILPF España

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